¿Qué es la “bancarrota hídrica”?

niña afgana en busca de agua

Durante años, el lenguaje para hablar del agua ha sido el de la crisis: un momento difícil, una sequía fuerte, una temporada de cortes de suministro. La idea detrás de esa palabra es que, tras la emergencia, las cosas vuelven a la normalidad.

El Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH) cuestiona esa idea en su informe Global Water Bankruptcy (2026). Su conclusión es directa: el mundo entró en la era de la bancarrota hídrica global.

Ingresos, ahorros y deudas: una metáfora financiera

El informe explica el concepto con una comparación sencilla. Una sociedad dispone de dos tipos de agua:

  • Los “ingresos”: el agua renovable que llega cada año con la lluvia, los ríos y la recarga de los acuíferos.
  • Los “ahorros”: el agua acumulada durante siglos o milenios en acuíferos, glaciares, humedales y suelos.

Cuando gastamos más que nuestros ingresos, empezamos a consumir los ahorros. Si lo hacemos durante décadas, llega un punto en que el daño ya no se puede revertir: un acuífero compactado no recupera su capacidad, un terreno que se hundió no vuelve a subir y un lago desaparecido no se restaura en un horizonte de planeación realista.

Mapa satelital de disminución de agua en lago

Por eso el informe distingue tres estados:

EstadoQué significa¿Hay recuperación?
Estrés hídricoMucha presión sobre el recursoSí, si se reduce la presión
Crisis hídricaUn choque agudo y temporal, como una sequía extremaEn principio, sí
Bancarrota hídricaEl uso superó durante años la renovación y los límites segurosNo por completo: el sistema ya no regresa a su estado anterior

Las cifras globales

Según el informe:

  • Casi tres cuartas partes de la población mundial vive en países clasificados como inseguros o críticamente inseguros en materia de agua.
  • 2,200 millones de personas no tienen agua potable gestionada de forma segura, y 3,500 millones carecen de saneamiento seguro.
  • Cerca de 4,000 millones de personas sufren escasez severa al menos un mes al año.
  • Alrededor del 70% de los grandes acuíferos del mundo muestra una tendencia de descenso a largo plazo.
  • La extracción excesiva de agua subterránea ya contribuyó al hundimiento del terreno en más de 6 millones de km², incluidas zonas urbanas donde viven cerca de 2,000 millones de personas. En algunos lugares el suelo baja hasta 25 cm por año.
  • Los daños por sequía ya suman unos 307,000 millones de dólares al año en el mundo.

Hombre caminando en el lecho seco de un lago

¿Y México?

México tiene varios de los síntomas que describe el informe:

Acuíferos sobreexplotados. De los 653 acuíferos del país, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) reportó 157 sobreexplotados, cerca de uno de cada cuatro (corte de agosto de 2021, citado por Vanguardia, 2022). En esos acuíferos se extrae más agua de la que se recarga, es decir, se están gastando los ahorros.

Hundimiento del terreno. El Valle de México es uno de los casos de hundimiento por extracción de agua subterránea más estudiados del mundo. Es exactamente el tipo de daño irreversible que el informe usa para definir la bancarrota: el suelo compactado no recupera su capacidad de almacenar agua (Hernández, 2026, 4 de mayo; López, 2018).

Sequías recurrentes. Según el Monitor de Sequía de México, al 31 de agosto de 2026 el 8.9% del territorio tenía sequía moderada o severa y otro 26.4% estaba anormalmente seco, a pesar de la temporada de lluvias (UnoTV, septiembre de 2026). Estados como Chihuahua, Sonora, Coahuila, Durango y Sinaloa aparecen una y otra vez en los registros.

Ríos que llegan agotados. El Río Colorado, del que depende buena parte del agua de Baja California, tiene asignaciones mayores al agua que realmente fluye por él. En 2026 México recibe cerca de un 10% menos de lo que establece el tratado de 1944, y los recortes aumentarán en 2027 y 2028.

Lecho de rio seco

Declarar la bancarrota para empezar de nuevo

La propuesta del informe no implica que debemos resignarnos y que nos crucemos de brazos. En finanzas, declararse en quiebra es el primer paso para la reorganización: se reconocen las deudas, se renegocian los compromisos y se construye un nuevo balance. Aplicado al agua, eso significa:

  1. Reconocer el problema con datos públicos y actualizados sobre acuíferos, cuencas y calidad del agua.
  2. Ajustar la demanda a lo que la cuenca realmente puede dar, empezando por el riego agrícola, que usa alrededor del 70% del agua dulce en el mundo.
  3. Reordenar derechos y concesiones cuando lo concesionado supera lo disponible. La nueva Ley General de Aguas (aprobada en diciembre de 2025) prohíbe transferir concesiones entre particulares y da prioridad al uso personal y doméstico, dos cambios que van en esa dirección.
  4. Proteger los “ahorros” que quedan, como humedales, zonas de recarga y suelos sanos, y garantizar una transición justa para las comunidades más afectadas.

Para cerrar…

Llamarle “crisis” a algo que lleva décadas acumulándose nos hace esperar una normalidad que ya no va a regresar. Hablar de bancarrota es incómodo, pero nos obliga a hacer cuentas honestas: cuánta agua tenemos, cuánta usamos y quién paga (o pagará) el déficit.

¿Crees que en tu ciudad se gasta más agua de la que se repone? Cuéntanos en los comentarios.

Fuentes